Julio Cortázar (Argentina)

Julio Cortázar (Argentina)
 
 
Después de las fiestas
 
Y cuando todo el mundo se iba
y nos quedábamos los dos
entre vasos vacíos y ceniceros sucios,
 
qué hermoso era saber que estabas
ahí como un remanso,
sola conmigo al borde de la noche,
y que durabas, eras más que el tiempo,
 
eras la que no se iba
porque una misma almohada
y una misma tibieza
iba a llamarnos otra vez
a despertar al nuevo día,
juntos, riendo, despeinados.
 
 
 
 
 
 
Una carta de amor
 
Todo lo que de vos quisiera
es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo,
 
como un perro que pasa, una colina,
esas cosas de nada, cotidianas,
espiga y cabellera y dos terrones,
el olor de tu cuerpo,
lo que decís de cualquier cosa,
conmigo o contra mía,
 
todo eso es tan poco,
yo lo quiero de vos porque te quiero.
 
Que mires más allá de mí,
que me ames con violenta prescindencia
del mañana, que el grito
de tu entrega se estrelle
en la cara de un jefe de oficina,
 
y que el placer que juntos inventamos
sea otro signo de la libertad.
 
 
 
 
 
 
La camarada
 
Claro que sos mi camarada
porque sos más, siempre sos más.
Hay la ruta en común, el horizonte
dibujado con lápiz de esperanza,
hay la amargura del fracaso
a la hora en que los hornos no se encienden
y hay que palear de nuevo el carbón del mañana.
 
Claro que sos mi camarada
porque sos la que dice no, te equivocaste,
o dice sí, está bien, vayamos.
Y porque en vos se siente que esa palabra es una
lenta, feliz, necesaria palabra:
hay cama en camarada,
y en camarada hay rada,
tu perfume en mis brazos,
tu barca anclada al lado de la mía.

 
 
 
 

Tres pequeños poemas cortazarianos, donde destaca la intimidad y sencillez del lenguaje, representativos del ciclo del amor, el inicio, el ideal y la cúspide. Así es la obra poética de Julio Cortázar, una oportunidad a la distracción con la cual darle sentido al Universo, una puerta sin llave hacia la acción para consolidar vocación humana y la libertad creativa.

Después de las fiestas representa el escenario del deseo de un encuentro, una especie de paz en medio del alboroto, un destello de entusiasmo y esperanza del “despertar al nuevo día, /juntos, riendo, despeinados” de manera nítida y tímida.

En Una carta de amor, se plasma la elocuencia de la cotidianidad, el todo y nada de un amor de pareja: “Todo lo que de vos quisiera /es tan poco en el fondo/porque en el fondo es todo” un concepto cortazariano casi humorístico del sentimiento. Un amor práctico, sobrio, humilde, doméstico “el olor de tu cuerpo,/lo que decís de cualquier cosa,/conmigo o contra mía,” con la independencia de dos que se unen para construir algo propio, un compromiso de amor diario: “y que el placer que juntos inventamos/sea otro signo de la libertad.”

 

La camarada, el elemento esencial de esta visión de amor: “hay cama en camarada,/ y en camarada hay rada” una aproximación a su propio reflejo  que replica también en la complicidad de sus lectores. Una sensación de amplitud que alcanza el amor a través de lo cotidiano. Julio Cortázar toma conciencia y alterna imágenes: “a la hora en que los hornos no se encienden /y hay que palear de nuevo el carbón del mañana” con ideas  casi abstractas: “Hay la ruta en común, el horizonte”.

Es así como el autor desborda el alma de sus lectores.

Nacido en Bruselas y nacionalizado argentino, escribió narrativa, teatro y poesía. Su obra literaria abarcó la cotidianidad y las experiencias legadas al amor, Dios, el sexo femenino, el futuro, la vida.
Se identifica con el surrealismo y su obra está clasificada como material de alto nivel intelectual por su manera de retratar sentimientos y emociones: “No nos alcanza el tiempo,/ o nosotros a él,/ nos quedamos atrás por correr demasiado,/ ya no nos, basta el día/ para vivir apenas media hora.”

 

Rocio Bolanos

 
 
 
 

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