Ida Vitale (Uruguay)

Ida Vitale (Uruguay)

 

Ida Vitale, uruguaya del 1923, pertenece al movimiento artístico “Generación del 45”. Recibe diferentes galardones, entre los más importantes el Premio Reina Sofía 2015 y el Premio Cervantes 2018. Es considerada la heredera de los poetas del Siglo de Oro en la tradición del lirismo. Se desarrolla como crítica literaria, profesora, traductora, ensayista y poeta.

Su trabajo poético indaga el lenguaje, juega con los símbolos, los sentidos, es precisa, exigente e insistente; une las ideas y las sensaciones con un manejo exquisito de la métrica y la retórica, llenando sus versos de musicalidad. Sus ejes son la luz: “Dame, noche, verdad / para mí sola, / tiempo para mí sola, / sobrevida”,” Como una sombra de uno mismo / o como incendiado fósforo violento / No otra muerte. / No mayor vida”. El exilio: “La mirada se acuesta o retrocede, / se pulveriza por el aire / si nadie la devuelve. / No regresa a la sangre ni alcanza / a quien debiera. / Se disuelve, tan solo”.

Proclama la claridad por medio de sus versos y su lucha es combatir los silencios del mundo: “Ya nunca más, diríase, / el silencio”. Su preocupación principal no es la dimensión de sus textos sino la relación con lo que quiere decir y es la desconfianza que la lleva a reducir o a concentrar, sostiene que tiene más seguridad cuando las palabras son más precisas; para Vitale hay palabras que lo concentran todo.

Sus poemas son una contemplación de la realidad con un lenguaje claro y hondo: “A mí misma me ofrezco/ aprender día a día en el mundo,/ luego al mundo le ofrezco/ día a día olvidarlo,/ para yo no ser menos.” Leerla es una aventura hacia el interior, lejos de la abstracción y con un sentimiento de vida desde el presente hasta lo eterno.

Rocio Bolanos

 
 
 
 
Exilios
 

…tras tanto acá y allá yendo y viniendo.
– Francisco de Aldana

 
Están aquí y allá: de paso,
en ningún lado.
Cada horizonte: donde un ascua atrae.
Podrían ir hacia cualquier fisura.
No hay brújula ni voces.
 
Cruzan desiertos que el bravo sol
o que la helada queman
y campos infinitos sin el límite
que los vuelve reales,
que los haría de solidez y pasto.
 
La mirada se acuesta como un perro,
sin siquiera el recurso de mover una cola.
La mirada se acuesta o retrocede,
se pulveriza por el aire
si nadie la devuelve.
No regresa a la sangre ni alcanza
a quien debiera.
 
Se disuelve, tan solo.
 
 
 
 
 
 
Residua
 
Corta la vida o larga, todo
lo que vivimos se reduce
a un gris residuo en la memoria.
 
De los antiguos viajes quedan
las enigmáticas monedas
que pretenden valores falsos.
 
De la memoria sólo sube
un vago polvo y un perfume.
¿Acaso sea la poesía?
 
 
 
 
 
 
Gotas
 
¿Se hieren y se funden?
Acaban de dejar de ser la lluvia.
Traviesas en recreo,
gatitos de un reino transparente,
corren libres por vidrios y barandas,
umbrales de su limbo,
se siguen, se persiguen,
quizá van, de soledad a bodas,
a fundirse y amarse.
Trasueñan otra muerte.
 
 
 
 
 
 
Otoño
 
Otoño, perro
de cariñosa pata impertinente,
mueve las hojas de los libros.
Reclama que se atienda
las fascinantes suyas,
que en vano pasan del verde
al oro al rojo al púrpura.
 
Como en la distracción,
la palabra precisa
que pierdes para siempre.
 
 
 
 

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