Ángela García (Colombia)

Ángela García (Colombia)

 
 

Poeta, traductora y gestora cultural. Sus poemas han sido traducidos al alemán, sueco, francés, gallego, italiano, macedonio, serbio, croata, etc.  Co-fundadora del Festival Internacional de Poesía en Medellín, actualmente vive en Suecia y se desempeña como productora de eventos culturales.

Su poesía está cargada de imágenes sutiles: El diccionario a la mano como un llavero”, propone diferentes percepciones del mundo. Sus versos íntimos son un proceso de comunicación que da voz al yo colectivo de sus lectores: “Estando en tierra buscamos los ojos mutuos para tenerlos abiertos y / abrir todas las puertas hasta que nos volvimos rojos”
Su tema principal es el tiempo y su paso inexorable, sus textos también hablan sobre el vacío, la nostalgia y el futuro: Por lo general eres parte de una función / que viene, que otros han puesto en marcha.”

Potente, inquisidora, atemporal, con una perspectiva de reflexión y esperanza: “Dado que la vida es, hay que inventarse. La vida me da este minuto yo invento una eternidad; la vida me da una eternidad yo invento este minuto; me inventa la palabra que viene, basta erguirse de la nada giratoria, basta creer en lo que viene.” De esta manera Ángela logra un encuentro, un entendimiento con sus lectores, a través de su obra, su conciencia y visión del ser.

 Rocio Bolanos

 
 
 
 
Primavera
 
El cuerpo está aquí en la
hora matutina del concierto de aves.
 
Todo basta, porque todo brota.
Las puntas de los árboles grandes y chicos
están brotando.
 
Lo minuciosamente sellado se despliega,
se tensa en alumbramiento.
 
En el silencio mortal empiezan a gorjear
las tonalidades verdes.
 
Pongo mi atención en la vibración
del cuerpo en una curva de su propia espiral
saliendo del invierno.
 
 
 
 
 
 
Lo propio y lo ajeno
 
El idioma me rebota. La lengua quiere pensarme.
No tengo la palabra vernácula para vacío.
 
El diccionario a la mano como un llavero,
como un diario, como una lapicera,
como la comida, como el abrigo.
 
La vida me envuelve como el día.
Allá y acá me acompañan y me asedian
el íntimo y el forastero.
 
 
 
 
 
 
Plegarias en Estambul
 
En un vecindario de la antigua Beyoğlu
casitas de cedro lamidas por el fuego de otrora
enmendadas con sorda mampostería.
 
Una capilla al paso en la vereda.
Al fondo, en el centro,
la figura de plata de una virgen sin rostro.
 
Romerías de plegarias, lágrimas y besos
borraron los rasgos de la compasiva.
 
La fuente de agua contenida en un tálamo
con la admonición en griego antiguo:
No temas la mugre del cuerpo, sino la del alma.
 
Y encima, ordenados en largas hileras,
frasquitos de plástico con tapa negra
a precios módicos para las manos pringosas.
 
Palpitante santuario de los penitentes
donde el fuego convirtió en pedernal
la esperanza
y los ojos no reconocen el vacío.
 
 
 
 
 
 
2
 
Ningún otro lugar que este lugar.
 
Un hombre canta en el pequeño estrado
delante de las mesas.
 
Estamos aquí.
 
Somos muchos, también el arpa y el clarinete.
Somos muchos teniendo algo por decir.
 
Los ojos no reconocen el vacío.
 
Pedimos estar cerca.
De veras cerca.
 
 
 
 

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